sábado, 5 de septiembre de 2015

Pobladores logran construir su propia red eléctrica

http://spectrum.ieee.org/energy/renewables/how-nicaraguan-villagers-built-their-own-electric-grid

Managua. Por Lucas Laursen/Traducción al Castellano de Jorge Capelán (Radio La Primerisima) | 19 mayo de 2015

La infraestructura moderna había pasado de largo por las montañas del norte de Nicaragua, así que la gente del lugar se hizo cargo por su cuenta del asunto


Ingenieros del grupo de electrificación rural ATDER-BL recorren una vía de acceso cerca de la planta hidroeléctrica El Bote, de 930 kilovatios, la más grande de 30 instalaciones de ese tipo que el grupo ha construido en el norte de Nicaragua.
En un camino de tierra, en las alturas de las montañas del norte de Nicaragua, un pequeño grupo de hombres y dos preciosos niños desenrollan cables eléctricos de la tina de una camioneta. Otros trabajadores blanden sus machetes contra las ramas de los árboles que cuelgan sobre sus cabezas. A lo largo de la cuneta ya limpiada de la carretera, otro grupo tensa un cable de un poste eléctrico recién plantado.

Las frondosas plantaciones de café siguen a lo largo del empinado camino, punteadas por chozas de madera en las que cerdos atados a estacas dan vueltas sobre el lodo. Carteles colgados afuera de las letrinas proclaman los nombres de organizaciones de ayuda internacional. Iglesias evangélicas construidas con bloques de cemento marcan hasta los grupos más pequeños de casas.

Esta extensión de la red de energía eléctrica dará servicio a unas 30 familias en el valle de San Ramón, a unos 200 kilómetros al noreste de Nicaragua. “Aquí siempre hemos vivido en la oscuridad,” dice Salvador González, un residente del valle y uno de los voluntarios para el grupo de linieros. Para el, la llegada de la electricidad significa un refrigerador y un gran salto adelante en su vida. “Voy a poder mantener fría mi gaseosa, algo de pollo, algo de carne, y voy a poder hacer posible,” dice. 

Campesinos cerca de San Miguel de Kilambé procesan frutos de café usando una máquina que funciona con una manivela. El acceso a la electricidad acelera esta tarea que demanda mucho trabajo.
La electrificación rural hace décadas que pasó por el hemisferio occidental, pero se le pasó por alto Nicaragua: La electricidad apenas llega a una tercera parte de los nicaragüenses del campo como González. La tasa de electrificación total del país de alrededor del 74 por ciento lo pone por delante de Haití y por detrás de todos los demás países del hemisferio.

No hay razones físicas para este tipo de pobreza. Nicaragua es un país húmedo, con vientos, con montañas, volcánico y tropical, es decir que es un candidato excelente para generar energía hidroeléctrica, eólica, geotérmica y solar. Sólo los estimados de su potencial geotérmico elevan las cifras de generación a varios miles de megavatios [PDF]; como referencia, la capacidad total instalada del país es de unos 1,410 megavatios.

En años recientes, las inversiones en proyectos de energía renovable se han disparado , gracias a generosas exenciones fiscales. Pero el petróleo importado sigue representando la mitad de la generación eléctrica del país.

El gobierno en Managua, bajo el idiosincrásico mando de Daniel Ortega, el sandinista que también condujo al país en la década de los 1980s, tiene un plan para aumentar la tasa de electrificación hasta el 85 por ciento en 2016. Pero los nicaragüenses en el valle de San Ramón y sus alrededores están cansados de esperar. Con la ayuda de un grupo local sin fines de lucro, los habitantes están llevando la electricidad a sus hogares por sus propios medios. La electricidad que González pronto disfrutará viene de una pequeña planta hidroeléctrica en el pueblo cercano de El Cuá. Y esa planta es parte de una rica herencia que comprende un pequeño acto de guerra, unos ingenieros tercos e idealistas, y una rara unidad entre gente fiera e independiente.

Es difícil imaginarlo hoy, pero hace 30 años Nicaragua era un hervidero internacional de revolución y campo de batalla internacional de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Muchos nicaragüenses simpatizaban con el socialista Frente Sandinista de Liberación Nacional, que llegó al poder en 1979 luego de derrocar a la familia Somoza, apoyada por los EE.UU. Estas montañas tropicales fueron testigos de algunas de la batallas más duras entre las guerrillas de la Contra, apoyadas por los EE.UU. y las fuerzas nicaragüenses. Tras una década de guerra, murieron decenas de miles de nicaragüenses.





En 1987, soldados de la Contra mataron al ingeniero estadounidense. Benjamin Linder [foto de la izquierda, sentado] mientras estaba trabajando en una represa cerca del pueblo de San José de Bocay. Rebecca Leaf foto arriba, camisa a cuadros] retomó el trabajo de Linder, dirigiendo la construcción de la planta hidroeléctrica de San José de Bocay, de 185 kilovatios. Hoy, ella es directora de ATDER-BL.

En las afueras de la capital regional, Matagalpa, un camino lleva a las modestas oficinas de la Asociación de Trabajadores del Desarrollo Rural —Benjamin Linder (conocida por sus siglas en español, ATDER-BL). Benjamin Linder era un jóven ingeniero estadounidense que simpatizaba con el movimiento sandinista y vino a Nicaragua en 1983 para trabajar en proyectos de ingeniería. El primer proyecto de completó fue una planta hidroeléctrica de 100 kilovatios cerca de El Cuá.

Linder, trabajador, idealista y juguetón, entretenía a la gente del lugar montando en su monociclo por el pueblo y haciendo malabarismos al mismo tiempo, y a veces vistiéndose de payaso. En aquella época, El Cuá era un pueblo de unos 2,000 habitantes que no tenía electricidad, ni agua potable ni alcantarillado. A pesar de las dificultades logísticas de operar en una zona de guerra —las guerrillas de la contra minaron la carretera a El Cuá y frecuentemente tendían emboscadas— Linder supervisión la finalización de la planta de El Cuá en 1985, y en seguida comenzó a trabajar con otra planta.

Entonces, el 28 de abril de 1987, soldados de la contra atacaron y asesinaron a Linder y otros dos nicaragüenses que se llamaban Sergio Hernández y Pablo Rosales mientras trabajaban en el área de la nueva planta, cerca del pueblo de San José de Bocay. Linder, el único civil estadounidense que fue asesinado por la contra, tenía 27 años de edad. En 1988, la Sociedad IEEE sobre las Implicaciones Sociales de la Tecnología le otorgó póstumamente a Linder el Premio Carl Barus por su Servicio Extraordinario en el Interés Público, en reconocimiento a sus “esfuerzos valientes y altruistas para hacer el bien a la gente aplicando sus habilidades técnicas.”

Otros brazos continuaron la labor de Linder. Poco después de su muerte, su familia y amigos comenzaron a recolectar fondos para completar la planta, y los habitantes de Bocay aportaron su trabajo voluntario. Una colega de Linder, Rebecca Leaf, estaba trabajando en esa época para el Instituto Nicaragüense de Energía en Managua. La ingeniera, que se había graduado del MIT, dejó su trabajo con el gobierno para dirigir el diseño y la construcción de la planta de Bocay.

A veces, el avance de la obra de detenía, obstruido por un bloqueo comercial de los EE.UU. que limitaba el acceso a los repuestos. Aún después de los acuerdos de paz de 1990, grupos guerrilleros continuaron amenazando el área. Aún así, Leaf y su equipo completaron la planta hidroeléctrica de 185 kilovatios en 1994, y hoy en día las turbinas de Bocay y El Cuá continúan generando electricidad. 


Trabajadores locales construyen la presa que desde 1994 ha alimentado la planta de energía hidroeléctrica de San José de Bocay. Abajo, Abner Talen, de ATDER-BL’s y José Luís Olivas Flores, director de la ONG Aprodelbo [señalando], junto a la presa. 





Y 21 años después, Leaf todavía está aquí. Hoy en día ella es la directora de ATDER-BL, organización que fundó luego de la muerte de Linder, y vive en El Cuá, trabajando para la oficina local del grupo. La luz del sol baña el edificio azul de una sola planta, ubicada tras una cerca de malla de alambre justo a la orilla del único camino pavimentado del pueblo. Bandadas de pájaros en los árboles alrededor trinan y cantan, y un chirrido metálico sale del taller de maquinarias adyacente, uno de los primeros edificios en tener electricidad. Los visitantes entran, apretando entre sus manos los recibos de la luz.

Leaf sale de su oficina con los brazos cargados de mapas y cuadros que documentan el trabajo de la asociación. Habla suave, a pesar de la bulla. El proyecto de Bocay “nos dejó maquinistas, soldadores, albañiles, capataces, expertos en instalación de tuberías, y electricistas parcialmente entrenados” recuerda. Los trabajadores podrían haber regresado a sus trabajos ordinarios —agricultura, barbería, mantenimiento de la flota de jeeps soviéticos y buses escolares estadounidenses del pueblo. Leaf, también, podría haber encontrado trabajo en otro lugar.

Pero las personas de comunidades aledañas “vinieron buscándonos, diciendo que tenían un rio y que también querían tener una planta hidroeléctrica,” explica. Y así comenzó una campaña para conseguir donantes internacionales para financiar el proyecto. Había dinero —pero para sistemas de aguan potable, no para plantas hidroeléctricas. Y así, durante varios años, el grupo cambió a construir sistemas de agua potable, de los cuales la tubería básica no era muy diferente de la de las plantas hidroeléctricas que habían estado construyendo. “Con eso nos ganábamos el pan,” dice Leaf. 

Una Red en Crecimiento
 

ATDER-BL ha construido 30 plantas hidroeléctricas pequeñas y 225 kilómetros de líneas, lo que provee de electricidad a 40,000 personas.




A medida que se fue regando la noticia del trabajo de ATDER-BL, el grupo comenzó de nuevo a construir plantas hidroeléctricas, desde pico-plantas que generan apenas suficiente poder para cargar una batería de carro y alumbrar una escuela, hasta micro-plantas de 3 a 8 kilovatios que los agricultores locales pueden operar por su cuenta, hasta una planta de cerca de un megavatio y que hoy en día abastece a 4,000 hogares. En total, el grupo, que ahora tiene una plantilla de 40 trabajadores a tiempo completo, ha instalado cerca de 30 plantas hidroeléctricas pequeñas en toda la región. Además ha asesorado al Ministerio de Energía y Minas y al Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en otras decenas de plantas.

“El trabajo de ATDER-BL ha mejorado la calidad de vida de miles de nicaragüenses, desde niños de escuela hasta agricultores, con el apoyo y la ayuda de las comunidades locales,” dice Laurie Guevara-Stone, del Instituto de las Montañas Rocallosas, en Snowmass, Colorado, que ha trabajado con energías renovables en Nicaragua y otros países centroamericanos. “Su enfoque bien podría servir como un modelo para la electrificación rural en otras partes del mundo.”

A pesar de su reputación internacional, ATDER-BL nunca ha perdido su enfoque local. Igual que lo había hecho en El Cuá y Bocay, todavía depende grandemente en los trabajadores locales para la construcción de cada una de las nuevas plantas hidroeléctricas, explica el ingeniero eléctrico Abner Talen. La asociación le pide a cada familia que provea un voluntario para hacer el trabajo menos técnico: limpiar de ramas, poner los postes, tender cables o verter cemento. El equipo de ATDER-BL hace el resto.


El Poder del Pueblo: En cada lugar donde ATDER-BL construye una nueva planta hidroeléctrica, le pide a cada familia que aporte un voluntario para ayudar con el trabajo menos tecnificado: limpiar de ramas, poner los postes, tender cables o verter cemento. Aquí, trabajadores de ATDER-BL y voluntarios locales acarrean y luego instalan una micro-turbina de 25 kilovatios que sera usada en una planta no dependiente de la red en Valle Los Condega. Esa planta ahora de la energía a tres pueblos pequeños. 


“La gente tiene que estar dispuesta a trabajar,” dice Talen. “Tienen que hacer suyo el proyecto.” Muchos otros esfuerzos de desarrollo bienintencionados no siguen este enfoque— y fracasan, agrega. “Hay muchas experiencias en las que a la población se les dio todo y no le dieron la importancia que deberían haberle dado.”

Una de las plantas hidroeléctricas mas pequeñas de ATDER-BL es un sistema de 2 kilovatios propiedad de un agricultor cafetalero llamado Martín Rivera y sus vecinos, que además lo operan. Su casa está enclavada en una exuberante pendiente rodeada de arbustos cargados de frutos de café rojos y maduros. Hace varios años ATDER-BL lo asesoro a el y a sus vecinos cuando instalaron su planta. Ahora, el generador zumba en una caseta del tamaño de un armario cuesta abajo de la finca de Rivera. Río arriba, una minúscula represa escondida en el monte espeso captura el agua para mover la pequeña turbina de rueda Pelton.

Hace 20 años, River jamas habría trabajado con un grupo como ATDER-BL. Él peleó del lado de los contras, y durante lo más duro de la guerra, envió a su hijo Álvaro al llano a estudiar. Al terminar la guerra, Rivera regresó a la agricultura. Y su hijo, que había conseguido un diploma de ingeniero agrícola, comenzó a trabajar para ATDER-BL. 

Rural Watts: La planta más grande de ATDER-BL hasta la fecha es la instalación de 930 kilovatios cerca de El Bote [arriba], que general unos 5.8 gigavatios-hora al año. Para garantizar un flujo constante de agua para sus plantas hidroeléctricas, ATDER-BL se ha involucrado en la conservación de las fuentes de agua. Abajo, los ingenieros Abner Talen a Boanerge Rocha Moreno inspeccionan la planta de El Bote.


Sistemas micro-hidroeléctricos como el de Rivera funcionan a toda capacidad sólo cuando hay suficiente lluvia. En épocas más secas, generan menos poder o no generan del todo. Pero las instalaciones nuevas, más grandes, necesitan operar continuamente y venden su exceso de electricidad a la red para recuperar sus costos de inversión, dice Leaf. El costo de materiales como el cobre se ha disparado, y la cada vez mayor automatización de los sistemas de control de las plantas, que dependen de componentes más caros y de software, también han elevado los costos.

Garantizar un abastecimiento continuo de agua para sus plantas hidroeléctricas ha sido un reto para ATDER-BL, y ha impulsado a sus ingenieros hacia un terreno no previsto inicialmente: la conservación de las fuentes de agua. En este sentido, el proyecto más grande de la asociación hasta la fecha, ubicado al pie de una escarpada y pedregosa corriente cerca del pueblito de El Bote, presentó un reto espinoso.
Solo Conectar: Un linero de ATDER-BL tiende una nueva línea en el valle de San Ramón, unos 200 kilómetros al noreste de Managua. Esta extensión de la red regional abastecerá a unos 30 hogares.

La planta de 930 kilovatios se completó en 2008 y fue financiada en parte con un préstamo de 1.3 millones de dólares del Banco Mundial y 400,000 dólares de la ONG Green Empowerment, con sede en Portland, Oregon. (Green Empowerment, fundada por amigos y vecinos de la familia de Ben Linder, le ha brindado a ATDER-BL asistencia técnica, organizativa y financiera desde 1997.) La planta de El Bote ahora genera unos 5.8 gigavatios-horas al año, suficiente para abastecer 6,000 hogares en la región. Y la comunidad local prospera. “El Bote es un pueblito de solo 95 casas,” dice Leaf, “pero tan pronto como hubo electricidad, comenzaron a aumentar los años de escolaridad... y graduaron a sus primeros bachilleres hace unos tres años.”

Pero mientras la construcción de la planta se empezaba a encaminar en 2002, los alrededores comenzaron a cambiar —para peor. En su primer visita a la Reserva de la Biosfera de Bosawás, al noreste de El Bote, Leaf recuerda: “Parecía un lugar para una película de Tarzán, con lianas colgando de los árboles a la orilla del río y bandadas de loras rojas volando encima de nuestras cabezas, los monos llamando de los árboles aledaños arrojándonos cosas.” Pero en los bordes de la montaña, dice, “vimos bosque virgen ardiendo". Era la tala y la quema de la gente pobre necesitada de establecer su agricultura.”

Ese tipo de limpieza con todo de la tierra es mala para la energía hidroeléctrica. Los campos de maíz y frijol, que plantan los campesinos más pobres porque ofrecen un retorno rápido a las inversiones, son propensos a causar erosión del suelo. Durante la temporada lluviosa, el sedimento es lavado de las tierras agrícolas deforestadas, tapa las corrientes de agua, trastoca las represas, traba los generadores hidroeléctricos. Y sin la sombra de los árboles, los lechos de los ríos se secan.

Alguien tenía que asegurar que la región tenga suficiente agua para alimentar sus plantas hidroeléctricas, y esa persona resultó ser Boanerge Rocha Moreno. El ingeniero agrícola está parado en la intersección de dos caminos de tierra, donde casas de madera de una sola habitación soportan en sus techos platos de satélites. Tiene puesta una gorra de los Medias Rojas de Boston, una camiseta inmaculadamente blanca, pantalones vaqueros y botas de hule.

“Cuando vine a El Bote por primera vez, esto era tierra pelada. No habían árboles,” dice, mientras se mete en la resplandecientemente nueva Toyota Hilux de la asociación. La camioneta esquiva charcos y vadea corrientes de agua, y Rocha señala a un costado del camino, que ha sido plantado con un pasto amarillo-verdoso que ayuda a retener el suelo. El plantar café también ayuda, dice. Aunque tome más tiempo en madurar que el maíz o los frijoles, el café puede crecer en la sombra de los árboles que protegen mejor el suelo de los parteaguas. Y dado que el café se vende a un mayor precio, los campesinos pueden darse el lujo reforestar parches de tierra en sus fincas. ATDER-BL ha comprado unas 800 hectáreas de bosque rio arriba de las plantas de El Bote y Bocay y ha supervisado la plantación de miles de árboles.

“Tratamos de informarle a la gente de que tenemos que cuidar el bosque, de que el agua depende del bosque, y de que el agua es vida,” dice Rocha.

Ese mensaje está cayéndole de a poco a los campesinos, que lo han recibido con grados muy variados de entusiasmo. Uno de los más apasionados es Luís Euxebio Irías Calderón. Cultiva en un valle tan abrupto que los caballos se mueven más rápido que los vehículos a motor, y además es el operador a medio tiempo de la la microplanta hidroeléctrica cercana. La sonrisa de Irías brilla de oro cuando él se ofrece para cantar una canción que compuso para la reciente inauguración de la planta en el valle de los Olivas. 



Himno a la Energía: Luís Euxebio Irías Calderón cultiva en el Valle Los Olivas y además es el operador a medio tiempo de una microplanta hidroeléctrica fuera de red del lugar. Se emocionó tanto por la llegada de la energía eléctrica que compuso una canción sobre el tema, la que cantó en la inauguración de la planta.

“La canción está un poco tosca dado que no tenemos guitarra,” dice Irías, antes de empezar a cantar a voz en cuello la balada: “El ingeniero Rosales / Fue el que ideó el plan / De traer el proyecto / Al Valle de Los Olivas.” A media canción, llega a la parte en la que dice “Tengo que plantar árboles / Por todo el potrero / Para que mañana / Estemos preparados.”

El ingeniero en la canción de Irías es Félix Rosales, el enérgico y joven jefe de proyectos de ATDER-BL y protegido de Leaf. De pie a unos pasos, Rosales sonríe mientras Irías canturrea. Graduado de la Universidad Nacional de Ingeniería de Managua, Rosales habla de los potentes anillos sobre el agua que emanan de los proyectos de electrificación: La disponibilidad de energía eléctrica atrae trabajadores cualificados a la región —profesores de secundaria, doctores, comerciantes, todos los cuales tienen ingresos disponibles para pagar por más bienes y servicios.

Esto es lo que ha ocurrido en los pueblos de la montaña que ATDER-BL ha ayudado a electrificar. No son más lugares de los que los padres sacan a sus hijos, estos pueblos están creciendo, y la gente, habiendo aguantado años de privaciones y violencia, está esperanzada.

Pero todavía hay trabajo que hacer, dice Leaf. El interconectar la red eléctrica regional de El Cuá a la red nacional es algo que ha planteado retos técnicos. “El punto más cercano para el sistema interconectado era un circuito rural decrépito de la distribuidora norte de Nicaragua, Disnorte, con cables conductores remendados y aislantes de porcelana con fisuras,” dice Leaf. El voltaje poco fiable de la línea a menudo obliga a los generadores de las plantas hidroeléctricas a desconectarse, dañando los principales interruptores de los circuitos y los interruptores de los transformadores. De su propia bolsa, ATDER-BL instalo un sistema de supervisión, control y recolección de datos (SCADA) para ayudar a enfrentar el problema y ayudar a que las plantas rápidamente se vuelvan a reconectar tras cada evento de ese tipo.

“Para Disnorte, solo se trata de otro circuito rural de gente pobre,” dice Leaf. “Para nosotros, es vital para todo lo que estamos haciendo.”

Mientras tanto, en San José de Bocay, la población ha estado creciendo un 8 por ciento cada año. “Hay una gran demanda por el servicio eléctrico y por los servicios básicos,” dice José Luís Olivas Flores, a quien Leaf reclutó para que dirija Aprodelbo, una ONG del lugar que opera la planta y la red local. “Ahora tenemos teléfonos celulares, cibercafés, televisión de cable. Podríamos decir que se no ha abierto la ventana al mundo por tener electricidad.” La planta de 185 kilovatios que ATDER-BL completó en 1994 ya no puede abastecer a los 1,500 hogares, fincas, pequeños negocios, escuelas, iglesias, estaciones de gasolina y a la oficina del gobierno municipal. Ahora se está hablando de construir una planta hidroeléctrica de 820 kilovatios, dice.

ATDER-BL también debe luchar con las regulaciones eléctricas nacionales que le permiten a Disnorte cobrarle a la asociación tarifas de minorista por la electricidad, pero que al comprar energía de ATDER-BL le paga a los precios mas bajos de mayorista. Nicaragua esta en proceso de reformar sus leyes de energía renovable, y Leaf y su equipo están haciendo cabildeo entre los legisladores para lograr un arreglo más equitativo.

Leaf podrá hablar suavemente, pero le ha ayudado a toda la región a hablar por sí misma. Y a cantar. Irías se ríe al llegar al fin de la canción: “Y con esta me despido / Perdónenme por cantar mal / Tengo que atender el proyecto / Que tanto nos ha costado.”

Este artículo originalmente fue publicado en la Revista Spectrum de la IEEE en Abril del 2015 “How Nicaraguan Villagers Built Their Own Electric Grid”

Sobre el autor

Lucas Laursen es un periodista freelance radicado en Madrid. Para escribir este artículo él viajó a Nicaragua y visitó una serie de pequeñas plantas hidroeléctricas en las montañas del norte del país. “Estaba preparado para escuchar loas al proyecto de energía eléctrica,” dice Laursen, “pero no estaba preparado para encontrarme con un operador que irrumpe en canto ante la llegada de la electricidad.”

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